lunes, 12 de noviembre de 2012

Más allá del amor, Octavio Paz

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
“ ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas, no bastan.”

Más allá del amor, Octavio Paz

Más allá de nosotros,
“ en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.”

¿Qué se ama cuando se ama?, Gonzalo Rojas

¿Amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
“ o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?”

domingo, 11 de noviembre de 2012

Albert Camus, La Caída


“Uno juega a ser inmortal y, al cabo de algunas semanas, no sabe siquiera si podrá arrastrarse hasta el día siguiente.” 

viernes, 9 de noviembre de 2012

La casa de Asterión, Jorge Luis Borges

“Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.”

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La alargada sombra del amor, Mathias Malzieu

Me gustan los libros que caben en los bolsillos, que se pueden acarrear, amar, prestar, doblar una esquina, dar, volver a comprar para leer los fragmentos preferidos.

Reflexión ininterrumpida, Juan Bañuelos


Estas ganas de caminar a ciegas
y compartir la vida
como un pedazo de sol o de manzana.

lunes, 5 de noviembre de 2012

JOSÉ SARAMAGO, El Viaje del Elefante

El comandante le cortó la frase, Parece que no oíste que estoy aquí en nombre del rey, no soy yo quien te está pidiendo prestada una yunta de bueyes durante unos días, sino su alteza el rey de portugal, Lo oí, mi señor, lo oí, pero mi amo, No está, ya lo sé, pero está su capataz que conoce sus deberes para con la patria, La patria, señor, Nunca la viste, preguntó el comandante lanzándose en un rapto lírico, ves aquellas nubes que no saben adónde van, ellas son la patria, ves el sol que unas veces está y otras no, él es la patria, ves aquella línea de árboles desde donde, con los pantalones bajados, vi la aldea esta madrugada, ella es la patria, por tanto no puedes negarte ni oponer dificultades a mi misión, Si vuestra señoría lo dice, Te doy mi palabra de oficial de caballería, y ahora basta de conversaciones, vamos al establo a ver los bueyes que ahí tienes. 

miércoles, 31 de octubre de 2012

SYLVIA PLATH: Tres Mujeres

PRIMERA VOZ
 Soy lenta como la Tierra. Soy muy paciente.
 Cumplo mi ciclo, soles y estrellas
 Me miran con atención. El celo de la Luna es mas personal:
 Pasa y vuelve a pasar.
 Luminosa
 como una enfermera.
 Lamenta ella lo que me va a suceder?
 No lo sé. está simplemente asombrada
 ante la fecundidad.
 Cuando salgo soy un gran suceso. No tengo necesidad de pensar
 o de preparame. Lo que sucede en mí tendra lugar
 de todos modos.
 El faisán se yergue sobre la colina:
 Se alisa las plumas pardas.
 Sonrío a mi pesar a todo lo que conozco.
 Hojas y petálos me acompañan.Estoy lista  

Canción de amor de la joven loca, SYLVIA PLATH


Cierro los ojos y el mundo muere;levanto los párpados y nace todo nuevamente.(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,sin sentir galopa la negrura:cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la camacantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitanescapan serafines y soldados de satáncierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,pero crecí y olvidé tu nombre.(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.Cierro los ojos y el mundo muere.(Creo que te inventé en mi mente).

PAPELES INESPERADOS, Julio Cortázar


Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra. ...

Venas, Fabiana León

Sobrevivo apenas la distancia
entre la vida y la vida".

“La muerte en la calle”, José-Felix Fuenmayor


A mí me ven pasar, como mudo, y la gente pensará que a mí no me gusta hablar; pero no es así, es lo contrario, porque yo estoy siempre hablando, hablando conmigo mismo.
  

Mario Benedetti

Porque tú siempre existes donde quiera 
Pero existes mejor donde te quiero.
Mario Benedetti.

“La sombra del viento”, Carlos Ruiz-Zafón.

Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro.
“La sombra del viento”, Carlos Ruiz-Zafón. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Santa Teresa de Jesús

VIVO YA FUERA DE MÍ,
DESPUÉS QUE MUERO DE AMOR;
PORQUE VIVO EN EL SEÑOR,
QUE ME QUISO PARA SÍ:
CUANDO EL CORAZÓN LE DI
PUSO EN ÉL ESTE LETRERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

ESTA DIVINA PRISIÓN,
DEL AMOR EN QUE YO VIVO,
HA HECHO A DIOS MI CAUTIVO,
Y LIBRE MI CORAZÓN;
Y CAUSA EN MÍ TAL PASIÓN
VER A DIOS MI PRISIONERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

¡AY, QUÉ LARGA ES ESTA VIDA!
¡QUÉ DUROS ESTOS DESTIERROS,
ESTA CÁRCEL, ESTOS HIERROS
EN QUE EL ALMA ESTÁ METIDA!
SÓLO ESPERAR LA SALIDA
ME CAUSA DOLOR TAN FIERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

¡AY, QUÉ VIDA TAN AMARGA
DO NO SE GOZA EL SEÑOR!
PORQUE SI ES DULCE EL AMOR,
NO LO ES LA ESPERANZA LARGA:
QUÍTEME DIOS ESTA CARGA,
MÁS PESADA QUE EL ACERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

SÓLO CON LA CONFIANZA
VIVO DE QUE HE DE MORIR,
PORQUE MURIENDO EL VIVIR
ME ASEGURA MI ESPERANZA;
MUERTE DO EL VIVIR SE ALCANZA,
NO TE TARDES, QUE TE ESPERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

MIRA QUE EL AMOR ES FUERTE;
VIDA, NO ME SEAS MOLESTA,
MIRA QUE SÓLO ME RESTA,
PARA GANARTE PERDERTE.
VENGA YA LA DULCE MUERTE,
EL MORIR VENGA LIGERO
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

AQUELLA VIDA DE ARRIBA,
QUE ES LA VIDA VERDADERA,
HASTA QUE ESTA VIDA MUERA,
NO SE GOZA ESTANDO VIVA:
MUERTE, NO ME SEAS ESQUIVA;
VIVA MURIENDO PRIMERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
-

VIDA, ¿QUÉ PUEDO YO DARLE
A MI DIOS QUE VIVE EN MÍ,
SI NO ES EL PERDERTE A TI,
PARA MERECER GANARLE?
QUIERO MURIENDO ALCANZARLE,
PUES TANTO A MI AMADO QUIERO,
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Emilia Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa

Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que agitaba a Perucho veía el muchacho un animalazo de desmesurado tamaño, bestión Indómito que se acercaba a él rugiendo, bramando y dispuesto a zampárselo de un bocado o a deshacerlo de una uñada... Se le erizó el cabello, le temblaron las carnes, y un sudor frío le empapó la sien... ¡ Qué monstruo tan espantoso! Ya se acercaba..., ya cierra con Perucho..., sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le cae encima lo mismo que inmensa boca... El chiquillo abre los ojos... Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndole a su sabor a pescozones y cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más enorme, más brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo como un héroe. Bajando la cabeza se atravesó en la entrada del hórreo, y por espacio de algunos minutos defendió su presa haciéndole muralla con el cuerpo. Pero el enorme volumen del ama pesó sobre él y le redujo a la inacción, comprimiéndole y paralizándole. Cuando el mísero chiquillo, medio ahogado, se sintió libre de aquella estatua de plomo que a poco más le convierte en oblea, miró hacia atrás... La niña había desaparecido. Perucho no olvidará nunca el desesperado llanto que derramó por más de media hora, revolcándose entre las espigas.

Benito Pérez Galdós, Misericordia

Tenía la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia interesante que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos, grandes y oscuros, apenas tenían el ribete rojo que imponen la edad y los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeras de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera y aún conservaban hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida sobre la frente; sobre ella, pañuelo negro, y negros el manto y vestido, algo mejor apañaditos que los de las otras ancianas. Con este pergeño y la expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesta de líneas, parecía una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en penitencia. Le faltaban sólo el crucifijo y la llaga en la frente, si bien podía creerse que hacía las veces de ésta el lobanillo del tamaño de un garbanzo, redondo, cárdeno, situado como a media pulgada más arriba del entrecejo.

Juan Valera, Pepita Jiménez

Como salí de aquí tan niño y he vuelto hecho un hombre, es singular la impresión que me causan todos estos objetos que guardaba en la memoria. Todo me parece más chico, mucho más chico, pero también más bonito que el recuerdo que tenía. La casa de mi padre, que en mi imaginación era inmensa, es sin duda una gran casa de un rico labrador, pero más pequeña que el Seminario. Lo que ahora comprendo y estimo mejor es el campo de por aquí. Las huertas, sobre todo son deliciosas. ¡Qué sendas tan lindas hay entre ellas! A un lado, y tal vez a ambos, corre el agua cristalina con grato murmullo. Las orillas de las acequias están cubiertas de hierbas olorosas y de flores de mil clases. En un instante puede uno coger un gran ramo de violetas. Dan sombra a estas sendas pomposos y gigantescos nogales, higueras y otros árboles, y forman los vallados la zarzamora, el rosal, el granado y la madreselva.
(...)
He pensado muchas veces sobre dos métodos opuestos de educación: el de aquéllos que procuran conservar la inocencia, confundiendo la inocencia con la ignorancia y creyendo que el mal no conocido se evita mejor que el conocido, y el de aquéllos que, valerosamente y no bien llegado el discípulo a la edad de la razón, y salva la delicadeza del pudor, le muestran el mal en toda su fealdad horrible y en toda su espantosa desnudez, a fin de que le aborrezca y le evite. Yo entiendo que el mal debe conocerse para estimar mejor la infinita bondad divina, término ideal e inasequible de todo bien nacido deseo. Yo agradezco a usted que me haya hecho conocer, como dice la Escritura, con la miel y la manteca de su enseñanza, todo lo malo y todo lo bueno, a fin de reprobar lo uno y aspirar a lo otro, con discreto ahínco y con pleno conocimiento de causa. Me alegro de no ser cándido y de ir derecho a la virtud, y en cuanto cabe en lo humano, a la perfección, sabedor de todas las tribulaciones, de todas las asperezas que hay en la peregrinación que debemos hacer por este valle de lágrimas y no ignorando tampoco lo llano, lo fácil, lo dulce, lo sembrado de flores que está, en apariencia, el camino que conduce a la perdición y a la muerte eterna.
(...)
Y, sin embargo, no sé qué extraño temor, qué singular escrúpulo, qué apenas perceptible e indeterminado remordimiento me atormenta ahora, cuando tengo, como antes, como en otros días de mi juventud, como en la misma niñez, alguna efusión de ternura, algún rapto de entusiasmo, al penetrar en una enramada frondosa, al oír el canto del ruiseñor en el silencio de la noche, al escuchar el pío de las golondrinas, al sentir el arrullo enamorado de la tórtola, al ver las flores o al mirar las estrellas. Se me figura a veces que hay en todo esto algo de delectación sensual, algo que me hace olvidar, por un momento al menos, más altas aspiraciones. No quiero yo que en mí el espíritu peque contra la carne; pero no quiero tampoco que la hermosura de la materia, que sus deleites, aun los más delicados, sutiles y aéreos, aun los que más bien por el espíritu que por el cuerpo se perciben, como el silbo delgado del aire fresco cargado de aromas campesinos, como el canto de las aves, como el majestuoso y reposado silencio de las horas nocturnas, en estos jardines y huertas, me distraigan de la contemplación de la superior hermosura, y entibien ni por un momento, mi amor hacia quien ha creado esta armoniosa fábrica del mundo. 
"

FELIPE TRIGO, Jarrapellejos


-Siquiera un poco -concretó Jarrapellejos, en paso
pleno a la franqueza-, porque no es igual lo que llamáis
«vuestra honra» las mujeres, y lo que llamamos los
hombres «nuestra honra». Rompiendo la mía,
expondríame al escarnio de la pública opinión y al castigo
de las leyes. Disponiendo Isabel libremente de la suya,
¿que arriésgase?.... ¡Nada! Al revés... Hubiera de ganar
en todos los sentidos. Por lo pronto, salvaría la de su
padre. Dirás que a costa de la de ella; pero esto, que aun
así no fuese peor para una joven que el verse señalada
con el dedo como hija de un malhechor, de un presidiario,
no es verdad tampoco; reflexiona, Cruz, que no eres
torpe; mira un poco alrededor tuyo en la misma Joya, y
dime si más de una mocita que acertó a elegir (es todo el
quid de la cuestión) entre tanto necio como hay, no está
ahora rica, casada, y alguna hasta con coche y
consideradísima como señora respetable. Tu caso,
vuestro caso, justamente. Aparte de que mi seriedad y mi
condición son incapaces de causarle daño a una
chiquilla, mi cariño a tu Isabel es tan noble que antes me
cortaría una mano que inducirla a lo más mínimo que
pudiese acarrearla desventura. Tu hija, Cruz, andando el
tiempo, sería también una señora, se casaría con su
novio, con Cidoncha (que hoy no querrá sino divertirse lo
que pueda, y a quien no le faltaría mi protección para ser
un hombre de provecho, en vez de un pelagatos), o con
el que le diese la gana. ¡Yo te lo prometo!